Publicado en Reflexionando

Dos meses de vacacionesLos profesores, esos sí que viven bien -decían algunas voces esta mañana en la fila del supermercado- . Dos meses tienen en verano, además de todas las Navidades y Semana Santa. Yo a mi chica en Octubre la voy a sacar del colegio una semana porque tengo vacaciones y nos iremos a algún sitio. Total, con los grupos de WhatsApp, las otras madres enseguida me dirán los deberes y se pondrá al día. Otros inmigrantes, -decía convencida- se van dos o tres meses a sus países y nadie les dice nada. Así que, cómo el profesor me diga algo, me van a oír en el colegio.

Con la mandíbula en tensión, yo aguantaba el tipo mientras el pez espada me miraba desafiante. Al fondo, en un contador un número tres brillaba.

– Claro-decía el número cinco. Mi hija con mi nieto igual. Las vacaciones son también aprendizaje -comentaba convencida- y es muy difícil, por no hablar de lo caro que es, cogerse días en verano. Además, unas semanas más, unas semanas menos, qué más da. Son muy críos todavía.

A mí la mandíbula me iba a estallar. Yo solo quería desaparecer. Casi regalo mi preciado número nueve pero tenía que acabar mi cometido y comprar las malditas lubinas.

– Si es que los profesores lo hacen por comodidad. Quieren que estén todos los alumnos desde el principio para poder aprenderse los nombres y dar la clase a todos igual. Que no se quejen, que viven muy bien.

Frustrada y con ganas de terminar la compra, me he resignado a una conversación sin fundamento, debatiéndome si merecía o no la pena intervenir. Entre el vapor húmedo que mantenía los peces relucientes y un grupo de personas que al parecer también estaban de vacaciones y esperaban con gusto los quince minutos de rigor, había una niña de unos siete años que leía los carteles de las ofertas.

– ¡A…tún fres…co!-articulaba orgullosa.

– Muy bien cariño, la alentaba la madre que debía ser el número cuatro.

– Madre mía, que chica más lista, ¡qué bien lee!- elogiaba la pescadera.

Tras estrujar el tique durante unos segundos, un impulso ha querido que dijera en tono provocador: “pues sí cielo, lees de maravilla. Debes de tener una profesora estupenda que se desvive cada día en dar lo mejor de sí misma y prepara unas clases geniales y divertidas en las que aprendes a leer y a expresarte con tanta gracia”. Una parte de mi quería pelea. Otra más sensata me ha obligado a permanecer en silencio, mantener la sonrisa forzada y arrastrarme hasta casa.

Merecidas para algunos y un “chollo” de primera para otros. Las vacaciones de los docentes siempre están en boca de todos. Es como la actualidad política o las olas de calor, a todo el mundo le encanta opinar. Yo no tengo nada en contra de las conversaciones banales, siempre y cuando duren entre uno y tres minutos, sean triviales y no un murmullo insustancial del que opina sin saber. Eso crispa. Lo más incongruente es que jamás he oído criticar la labor de un arquitecto, un policía, un abogado, las vacaciones de los jueces o del sursuncorda. Llamo a los amantes de las conversaciones superficiales, por favor que alguien me presente a los que emprenden contra estos colectivos por hacer un trabajo fácil y por tener demasiadas vacaciones. Los del mundo docente estamos hartos de ser objeto de pasatiempo. Que nos dejen “descansar”. Una ya no lo consigue ni haciendo la compra. De paso, que también me presenten a docentes que no hayan pensado alguna vez: “ya me gustaría verte rodeada de treinta adolescentes a los que inspirar, corregir, ayudar, educar, motivar y entretener durante seis horas al día”.

Pescaderas del mundo, esperadores de turno, enamorados de la banalidad. Os desvelo el secreto, la pregunta que siempre estuvo en el aire. ¿Qué hacen los profesores cuando salen de clase? ¿Y en vacaciones? Cuanto tiempo libre. ¡Qué maravilla! – siguen pensando la mayoría. Llevarse trabajo a casa es una excepción para algunos que quieren promocionar, acabar algún proyecto o cumplir plazos. O simplemente el fruto de la procrastinación y la mala gestión del tiempo. Normalmente, cuando acaba tu jornada laboral, cuando terminas una tarea, un documento, ves a un número x de clientes, se acabó. Mañana más y mejor. La labor de un buen profesor, y subrayo lo de buen porque todavía hay mucha lectura de libro, no tiene fin. Tengo seis horas de clase al día que preparar. Podría leer el libro desde la mesa o bajarme un PowerPoint de internet. Eso sería ser una muy mala profesional. A mis amigos del supermercado no les gustaría saber que esa es la educación que reciben sus hijos. Pero si quieren clases dinámicas en las que los alumnos ponen en práctica los contenidos y adquieren habilidades, necesito tiempo señores. Para los que no lo sepan, preparar significa: actualizar contenidos, diseñar actividades y elaborar recursos. En cincuenta minutos utilizo una media de cuatro actividades así que empecemos a multiplicar. Te lo pongo fácil, ciento veinte actividades semanales. Durante el día estoy dando clase o reunida con padres. Me quedan las tardes y… ¡bingo!, las vacaciones. Y por si esto te parece poco, tengo que diseñar las evaluaciones y corregir.

Os animo a comprobar como miles de docentes siguen formándose, preparando recursos y corrigiendo. Verano, Navidades, fines de semana o las tardes del jueves, da igual. Necesitamos el tiempo. Porque sabemos que clases bien preparadas hoy supondrán menos horas de trabajo durante el curso académico. Así que no te dejes llevar por las voces de supermercado y ayuda a destapar la verdad sobre los profesores.

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Cómo ser mejor profesor

Lo reconozco, en español suena fatal. ¡Qué le vamos a hacer! Se trata de enseñar considerando el objetivo final, lo que quieres que tus alumnos entiendan y demuestren al concluir tu clase, como piedra angular de todo el proceso de planificación. ¿Parece sencillo verdad? Pues créeme, es bastante complicado de dominar. Y te lo digo por experiencia. El propio Andy Griffiths visitó mi instituto en Diciembre y nos desentrañó las claves de este método. Y no solo eso, me he dedicado todo el año a poner en práctica todos y cada uno de los apartados de su libro, grabando mis clases y recibiendo feedback por parte del equipo de Osiris, colaboradores del programa Outstanding Teaching Intervention. Si aun no lo has leído, date prisa. La perla en cuestión se llama “Teaching Backwards”. Los autores: Mark Burns y Andy Griffiths. Si lo del inglés es un problema, ¡no te preocupes! Es muy fácil de seguir.

Como ves, el libro me parece lo más. Mi forma de enseñar y preparar clases ha mejorado muchísimo y por eso quiero que tú también te beneficies de estos trucos. El libro sigue seis apartados:

  1. Fija expectaciones altas. Cree en tus alumnos. Pero de verdad. Todos tenemos conocidos por los que no dábamos ni un duro en el instituto y sin embargo acabaron carreras de manera brillante, emprendieron negocios de éxito o se convirtieron en personas influyentes. Así que “pigmaniolizate”.
  2. Punto de partida. No hay nada peor que dar una clase sin saber cuál es “starting point”. Cuándo quieres aprender un idioma, te hacen una prueba de nivel ¿no? Pues aquí igual. Imagina que aburrimiento volver a empezar con el “hello” “good morning”. Te lo sabes de memoria. Te aburres, empiezas a contar baldosas, comentas algo gracioso con el de al lado… ¡Aplica este motto a tus clases ya!. ¿Qué te toca explicar los sectores productivos? No asumas que tus alumnos no tienen ni idea. Igual no relacionan “sectores productivos” con su significado directamente pero son capaces de explicar un ejemplo, o dar más ejemplos, o incluso puede que, pensando un poquito, sean capaces de decirte cuál es el sector más importante en España y por qué. Ponlo en práctica así: dos semanas antes de explicar los sectores productivos, cuando no venga a cuento, haz que contesten estas preguntas en un papel: ¿a qué nos referimos con sectores productivos? ¿qué tipo de productos o servicios se producen en España? Pon un ejemplo de el sector primario. Pon un ejemplo del sector secundario. Pon un ejemplo del sector terciario. ¿Qué sector es el más importante en España? ¿Por qué? ¿Qué sectores crees que eran más relevantes en España hace 30 años? ¿Por qué?. Luego lee los resultados y agrupa. Los grupos te darán la clave de cómo enfocar la clase. Y sí: puedes tener diferentes grupos haciendo diferentes cosas en clase y no morir en el intento. Te explico cómo en futuros post.
  1. Desmitifica el punto de destino. Haz que el objetivo final sea alcanzable por todos tus alumnos. Cada alumno tiene un ritmo de aprendizaje. Es lo que hoy en día conocemos como “atención a la diversidad”. No te descubro nada nuevo. Algunos de tus alumnos necesitarán más ayuda que otros y tienes que planificar tus clases para asegurar que todos y cada uno de ellos progresan. Ponlo en práctica así:
  • Algo tan simple como dejar encima de la mesa un par de libros de texto abiertos por la página de teoría que vayas a explicar ese día, puede funcionar. Acércate al alumno/a en cuestión y pídele que lea esas páginas si necesita ayuda.
  • También uso bastante “la mesa de recursos” que es simplemente una mesa situada en una esquina de mi clase llena de recursos de todo tipo a la que los alumnos pueden acudir cuando necesitan ayuda. La idea es que se hagan independientes. Tenthree-before-mego varios diccionarios, libros de texto y algunos folletos que dejo, dependiendo de la clase que me toca explicar.
  • La función de expertos funciona muy bien. Utiliza los resultados de tu test “punto de partida” para nombrar expertos. Si sitúas a cada uno en un grupo y les das tareas, te serán de gran ayuda.
  • En clase también uso “3B4Me” o lo que es lo mismo: three before me: brain, book y buddies. Cada vez que un alumno me llama para preguntarme una duda, yo respondo en voz alta: “3B4Me”. En español vendría a ser algo así como: las tres Ces. Cerebro, cuaderno y compañero. Suena bien ¿no? La idea es fomentar el pensamiento independiente y que los alumnos no acudan al profesor directamente cuando disponen de más ayuda de la que creen alrededor de ellos.
  1. La prueba del aprendizaje. Es lo que yo llamo “el broche final”. Es lo que demostrará que tus alumnos han alcanzado el objetivo que fijaste para esta clase. Has pensando en este momento desde el principio y has ido diseñando las actividades “backwards”-hacia atrás. Ponlo en práctica así: Tu prueba del aprendizaje puede ser una pregunta de examen de Selectivad de otro año, un balance que tienen que elaborar, un esquema, un gráfico. Depende de lo que quieras explicar. La pregunta que te tienes que hacer es: ¿Qué es lo que probaría que un alumno de mi clase ha alcanzado los objetivos propuestos para la clase de hoy? Por ejemplo, si tu objetivo es: explicar el significado de los sectores productivos en España e identificar ejemplos, la prueba del aprendizaje puede ser una tabla con varias fotos de sectores productivos y espacio para que tus alumnos expliquen qué sector productivo es y por qué.
  1. El estímulo. Challenge. Está demostrado que los enigmas, las pistas, el misterio, etc. llama la atención. Tus alumnos querrán resolverlo. Ya los tienes enganchados. Y si añades un poco de competición, éxito asegurado. Ponerlo difícil es la clave de un buen “arranque cautivador”. Con eso ya tienes mucho ganado. Pero lo ideal es que todas tus actividades sean estimulantes. Ponlo en práctica así:
  • Soy muy fan de TARSIA. Si aun no lo has usado, échale un vistazo.
  • También me encantan los enigmas. Siempre uso criptogramas, sobretodo al principio de un tema nuevo.
  • ♥ Muy fan del “busca a alguien que…”. A veces hago que ellos diseñen sus propias preguntas. Te dejo la plantilla para que le eches un vistazo.

Find someone who empty

  1. Feedback. No te pierdas mi post sobre feedback.

¡Espero que te animes a poner estas ideas en práctica!

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¡Enseña a emprender ya!

Como muchos, me marché de España buscando oportunidades y nuevas experiencias.  Me fui para un año y ya voy por el cuarto. Era eso o prepararme una oposición y, para serte sincera, tras siete años en la universidad de Zaragoza tratando de engrosar mi lista de méritos académicos, lo que menos me apetecía era ponerme a estudiar y preparar un examen que considero sin sentido. Mientras disfrutaba de la beca, todo eran planes y diversión. Pero el dinero se acabó y fue en ese momento cuando tuve que enfrentarme a la vida real.

Y ese no fue mi único momento de realización existencial. A los dieciséis, estaba harta de ir “racaneando” dinero y de no tener independencia sin embargo, el coste de ir al cine, comprar ropa y salir con mis amigas no era algo que me preocupara demasiado. Todo me quedó muy clarito cuando empecé a trabar dando clases de baile por las tardes.

Ahora me pregunto… ¿y si mis alumnos tuvieran que pasar por experiencias similares?… ¿saldrían adelante o se “rajarían” a la primera de cambio? ¿sabrían ingeniárselas para conseguir dinero? ¿para hacer contactos? ¿para levantarse de nuevo tras caerse una y otra vez? La respuesta es simple: NO. Y me da pena. Y prometo no convertirme en difundidora del “si hubieras pasado lo que he pasado yo… ¡entonces ya verías!”. Pero sé que está en mi mano ayudarles. Y tú también puedes hacerlo.

Emprender es “acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño”. Un algo que debe encerrar dificultad o peligro. Y en un mundo cambiante como el actual, uno en el que hoy formas parte de la Unión Europea y al día siguiente igual te quieren deportar, uno en el que hoy tienes un contrato fijo y mañana si te he visto no me acuerdo, uno en el que una carrera y dos másteres te compran una bolsa de pipas…lo mejor es estar preparado.

Si tienes suerte y hay algún programa al que puedas asociarte, ve a por ello ya. En mi instituto trabajamos con Young Enterprise, una organización benéfica que permite que los alumnos creen sus propias sociedades limitadas, vendan sus productos en diferentes ferias, presenten sus ideas de negocio ante empresarios de renombre y compitan con las empresas otros institutos. Si no eres tan afortunado:

  1. Habrás oído hablar del famoso ABP (aprendizaje basado en proyectos). Parece que si no sabes de qué va esto, no eres nadie. No te agobies. Puede que ya lo estés usando. ¿Te toca explicar las variables del marketing mix?: grupos de cuatro, distribuye roles y haz que creen su propio plan de marketing. Haz que unos grupos juzguen los planes de otros grupos, de acuerdo a unos criterios de evaluación que previamente tus alumnos y/o tú habéis diseñado. Y haz que los presenten para toda la clase. Evalúa las presentaciones con una rúbrica.
  2. ¿Explicando ingresos y gastos? Para introducir este tema, nada mejor que tus alumnos controlen sus propios ingresos y gastos. Utiliza métodos sencillos como el Kakebo.
  3. Permite a tus alumnos juzgar y valorar el trabajo de otros. En parejas o en grupo. Lo importante es que aprendan a expresar lo positivo de otros y acepten críticas constructivas. Cuando acaben actividades, pon las soluciones en la pizarra y haz que tus alumnos se intercambien los cuadernos y no corrijan sus propios ejercicios. A continuación, haz que cada alumno le dé a su compañero/a un “bien porque…” y un “mejor si…”.
  4. Dirige un club de emprendimiento. Velas, camisetas, joyería… Al principio te necesitarán un par de horas a la semana después de clase y muchos de tus recreos pero poco a poco irán asumiendo responsabilidades y trabajarán de manera más independiente. Haz que elaboren un plan de negocio, asignen roles y te muestren resultados de acuerdo a fechas límite previamente pactadas. Créeme, la motivación del dinero extra y la satisfacción de crear algo nuevo, superando obstáculos, convertirá tu club en la envidia de todos.
  5. La gestión del tiempo es esencial en la vida de un emprendedor. Asigna tiempos a cada tarea. Yo utilizo un cronometro que proyecto en la pizarra digital. ¡La “musiquilla” de los últimos 30 segundos se puede personalizar!
  6. Los alumnos “tímidos” y el trabajo en grupo. Siempre hay un grupo de alumnos que se libran y nunca participan en las actividades de grupo. No lo aguanto. Estoy convencida de que tienen mucho que decir y muy interesante y quiero que aprendan a hacerse escuchar. Yo soluciono este problema con “el token”. Cada alumno recibe dos al comienzo de la actividad. Solo algunos reciben tres o cuatro (ellos ya saben de qué va la historia). Cada vez que contribuyen, tienen que dejarlo encima de la mesa y yo los voy controlando.
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¿Trabajas mas que tus alumnos en clase?

Silencio gracias, abrid el libro por la página 87. Vas a hacer lo que sea para seducirlos con el apasionante tema que TE toca explicar hoy: la cuenta de pérdidas y ganancias. “Porque si queréis montar un negocio dentro de un par de años, os gustará saber de qué va esto, cómo se hace y para qué sirve” sueltas a toda la clase con el objetivo de atraer su atención dormida. Durante los siguientes 45 minutos te desgañitas explicando cada uno de los elementos de este documento del demonio. Y no solo eso, sino que también tienes un PowerPoint de la leche con ejemplos de cuentas de pérdidas y ganancias reales y ejercicios variados que completarán durante los últimos 15 minutos de clase. ¿Te suena?

No me extraña que estés cansado y tus alumnos se quieran morir. El verdadero proceso de enseñanza-aprendizaje tiene lugar cuando los alumnos debaten, intercambian ideas, explican los unos a los otros, se dan consejos, sacan conclusiones, trabajan en equipo… y no cuando tus alumnos lo único que hacen es escucharte durante 40 minutos. Y lo mejor viene ahora: ¡todo esto que te cuento lo hacen ellos solitos! Tú dirige y organiza que para eso eres el profesor y de lo demás no te preocupes. Además, ya has hecho el trabajo más duro: reciclar contenidos y diseñar actividades. Ahora solo le tienes que dar un giro a la manera de enfocar tus clases. Y has oído un millón de veces lo de “dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo” pero sigues R que R haciendo lo mismo de siempre. Así que ya va siendo hora de entrar a la acción. ¿Te animas a leer algunos de mis trucos?

Acuérdate del último curso de formación al que fuiste. Estuviste a punto de dibujarte unos ojos en los parpados para poder echarte una cabezadita sin embargo sobreviviste cómo pudiste gracias al dibujado florecillas en las esquinas de tus notas y a la escritura en forma de esquema de algunos de los temas que el ponente comentaba. Ni a los adolescentes ni a los adultos les gusta escuchar rollos patateros durante horas. Los temas sonaban interesantes en el panfleto que leíste online pero la realidad dejó mucho que desear. Aquí te dejo algunas ideas que funcionan y que practico todos los días.

  1. Practica lo que yo llamo: “arranque cautivador”. Comienza la clase con algo que atrape la atención de tus alumnos y dedica los primeros 10 minutos a esta actividad. Depende del tema que quieras que TUS alumnos aprendan y de lo que hiciste el día anterior. Puede ser el titular de una noticia, una foto, una pregunta sin respuesta, un post-it note en el que escriban ejemplos sobre algo, etc.
  2. Aparca el miedo a no explicar. Recuerdo el primer día que di clase. Yo hablé y hablé y muy rápido además. Explique tres de los temas que ahora explico en dos semanas en menos de una hora. Nadie nace aprendido pero no pierdes nada por experimentar ¿no? Déjales hacer. Pueden leer los elementos de la cuenta de pérdidas y ganancias de manera individual, les das un ejemplo a cada grupo y lo ponen en práctica juntos creando un póster con la estructura del documento real. Tú los corriges y diriges.
  3. La técnica de la magdalena. cupcakeLos 50 minutos que dura la clase deberían estar divididos de esta forma:
    • Buena base: ten claro de lo que partes. Hazte la siguiente pregunta: ¿qué saben mis alumnos de este tema? No menosprecies a tus propios alumnos y asume que puede que ya sepan cosas sobre el tema que vas a explicar hoy. Hazlo 2-3 semanas antes de explicar ese tema, cuando no se lo esperen. Unas cuantas preguntas hacen el papel.
    • Bizcocho: Actividad 1 para adquirir conocimientos. Hay miles de tipos.
    • El glaseado: Actividad 2 para adquirir conocimientos. Hay miles de tipos.
    • El molde: Conoces a tus alumnos y adapta las actividades. Hay un molde para cada magdalena.
    • El broche final: prueba que tus alumnos han alcanzado las metas que habías propuesto para ese día y convierte tu clase en una magdalena de libro de recetas de repostero parisino.
  4. Más agrupaciones=mejores resultados. Cuanto más mezcles mejor. Prueba actividades individuales con trabajo en parejas y no tengas miedo a qué los alumnos realicen una tarea en pequeños grupos de 4 o 5 durante 20 minutos.
  5. Esto no es un juego, quiero saber lo que has aprendido. Controla el horno cada 10-15 minutos. Puede que tu magdalena parezca ideal por fuera pero esté más cruda que una pera. Tienes que controlar que tus alumnos entienden y aprenden lo que acaban de poner en práctica. Por decirles que lean algo en silencio no equivale a entender perfectamente. Hazlo cada vez que entres en una fase nueva de la receta, es decir tres veces: cuando acabes el bizcocho, el glaseado y tras el broche final.
  6. Pausa y reflexión. Proyecta una foto, una pregunta, pon un objeto encima de tu mesa o simplemente formula una pregunta compleja de responder o sin clara solución. Da tiempo a tus alumnos para que piensen en silencio y después trabájala como quieras. No dediques más de 5 minutos.
  7. Instrucciones claras es clave. Para liderar una clase como la que planteo con tanto cambio y tanto “jaleo” necesitas que tus instrucciones sean claras. No expliques la siguiente tarea hasta que no tengas la atención de todos tus alumnos. Algunos de mis trucos: cuento hacia atrás desde 5 en voz alta, practico mi silencio dramático (nombre creado por mi colega y amigo José, un experto en la materia), llevo mi cara de odio a otro nivel o me acerco por detrás al gracioso/os de turno que están hablando hasta que la situación se vuelve tan violenta (yo me estoy riendo por dentro) que se acaban callando.
  8. ¿Conoces a tus alumnos? Haz que sea relevante. Averigua qué hacen con sus vidas en su tiempo libre y comerán de la palma de tu mano. Luego, utilízalo a tu favor en clase implementándolo en tus actividades, formulando preguntas o en “modo broma” para captar su atención.

En próximas entradas te daré más ideas de cómo bordar tu “arranque cautivador”, controlar el horno a la perfección y depurar tus instrucciones. Pero no olvides seguir mi blog!

 

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El poder del “feedback”

 

19:00h. Te llenas de valor y te pones a corregir exámenes. Una combinación de preguntas a las que tus alumnos se enfrentaron con temor la semana pasada (o hace dos semanas…que te voy a contar, te ha dado pereza y lo has ido dejando).Coges el boli rojo sabiendo que tus cruces y “ticks” resultarán en un número final capaz de generar satisfacción, frustración o cabreo. Y así acaba esta historia. Al fin y al cabo, somos profesores, corregimos y damos notas. Es parte de nuestro trabajo.

19:00h. No sabes cómo has llegado a esa situación pero tienes otra pila de exámenes cogiendo polvo en la estantería de tu salón. Y Marín vuelve a sacar un 3, y tú te preguntas, ¿pero esto sirve de algo? Pues la respuesta es NO. Deja de perder tu tiempo y el de tus alumnos. Porque lo que tus alumnos necesitan es saber lo que se les da bien, lo que tienen que mejorar y cómo hacerlo y un número no les va a proporcionar esta información. Siento las malas noticias pero seguirán perdidos y sacando igual o peores notas. Y esta conclusión no es solo fruto de mi experiencia como docente sino de numerosos estudios que sugieren que el “feedback” (o comentario) es una de las maneras más eficaces de mejorar el proceso de aprendizaje de los alumnos. Un estudio elaborado por la FEE, Sutton Trust y la Universidad de Durham, descubrió que el feedback de alta calidad conduce a una mejora en el progreso equivalente a una media de ocho meses adicionales. Vamos, que es como si acelerases el proceso de enseñanza-aprendizaje y tus alumnos sacaran hoy las notas que deberían sacar en ocho meses.

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Querido instituto:

Te deje hace ya hace más de diez años pero no te echo de menos. Algunas de las experiencias que vivimos juntos me dejaron huella, de otras casi ni me acuerdo. Me viste crecer, me pusiste a prueba, me permitiste conocer a gente estupenda y dos o tres de los profesores que trabajaban para ti me guiaron y motivaron a escoger la profesión a la que me dedico hoy en día. Sin embargo no he olvidado los días interminables en los que lo único que quería oír era el timbre de las 2:30, los exámenes infinitos, el sudor frio cada vez que la profesora de matemáticas soltaba un “Lauraaaaaa” para que subiera a la tarima (sí, había tarima) a resolver en la pizarra un ejercicio rancio que si descifraba con pericia me haría aprobar la asignatura lo que al parecer garantizaba mi éxito profesional, el chirriar de las tizas, el olor de los libros de texto como único recurso que usaba en clase y si tenía suerte, la monótona lectura de un PowerPoint sin sentido.

Te escribo porque te quiero orientar. He visto que hay otra manera de hacer las cosas, otro modo enfocar la enseñanza secundaria y el bachillerato en nuestro país y créeme, no es algo inalcanzable. Y lo sé simplemente porque lo veo cada día. De lunes a viernes soy profesora de economía en un instituto de Londres. Profesora en un sistema en el que las cosas se hacen de manera diferente, donde los profesores motivan y los alumnos emprenden y desarrollan habilidades. Y si lo hacen en Londres, ¿por qué no lo sabemos hacer en España? Seamos sinceros, los dos estamos cansados de escuchar a “expertos” en educación hablando de cómo mejorarte pero nadie nos explica cómo hacerlo. Visto lo visto, estás y vas a estar a la merced del legislador durante una temporada, por lo que más te vale que espabiles y empieces a pensar en técnicas que te hagan más eficiente y te ayuden a crear docentes de calidad y estudiantes completos capaces de enfrentarse a los retos actuales.